Ruta Ribera

Nicolás Beltrán López

 

LAS BARDENAS

Si Navarra es tierra de contrastes, las Bardenas son su extremo más radical. Un desierto en pleno norte peninsular, un cachito del Sáhara cambiante por la erosión que nos hace imaginar pistoleros del Lejano Oriente enfrentándose al bandido forastero. Las Bardenas, territorio histórico de paso de cañadas, seguro nos ha de impactar. Tiene una fortísima erosión que consigue caprichosos y cambiantes cabezos, cerros y barrancos, acentuados aún más por los cierzos invernales, las lluvias torrenciales y el bochorno veraniego.

Las Bardenas, surcadas por sendas polvorientas, nos sugieren adentrarnos en ellas con un buen mapa de la zona bardenera o con alguien que conozca bien el lugar.
Están diferenciadas en cuatro zonas muy sugerentes.

Las Bardenas son 415 kilómetros cuadrados de espectaculares paisajes entre los ríos Aragón y Ebro. En el centro, las Bardenas Blancas se llaman así por la cantidad de elementos salinos y yesos que hay en el lugar. En el sur toparemos con la Bardena Negra, más parecida a los Monegros aragoneses, compuesta por arcillas rojas y calizas. El norte está ocupado por la Meseta de El Plano y el embalse del Ferial, repleto de variadísimas especies de aves acuáticas. El este está ocupado por la Bardena Verde, zona de estepa que ha sido recientemente recuperada como regadío. Si queremos un buen mirador, podemos elegir entre la Virgen del Yugo, el Alto de Aguilares, El Paso y el Santuario de Sancho Abarca.

La actividad principal de esta zona fue el pastoreo de rebaños que desde Roncal, Salazar o pueblos próximos, año tras año, emprendían una trashumancia obligada hasta este mágico lugar. Han quedado huellas en forma de sendas, corralizas y balsas. Pero no sólo hubo animales en las Bardenas. Contó en algún tiempo con varios castillos de los cuales hoy apenas se conservan cuatro ruinas como las del Castillo de Peñaflor.

Un consejo: evitemos las Bardenas en verano. Se alcanzan temperaturas superiores a los 37º. Cuando llueve fuertemente, tampoco es aconsejable, ya que el lodo nos puede ocasionar problemas.

MONASTERIO DE LA OLIVA

La Oliva, importante muestra de la aquitectura cisterciense, es un conjunto monumental fundado en el siglo XII.
Obtuvo el favor y apoyo del Papado, la nobleza y monarquía navarra y logró, a mitad del siglo XII, ser uno de los monasterios más poderosos de Navarra gracias a sus tierras y extensa biblioteca.

Más adelante, llegaron los problemas políticos y la desamortización de 1835 sumió al monasterio en la ruina y el abandono. Tenemos que esperar hasta 1927 para verlo habitado de nuevo por monjes que comenzaron la reconstrucción.

La majestuosa fachada principal nos abre las puertas a un lugar mágico. La iglesia de Santa María, con una parte románica y otra gótica, fue sufragada por Sancho VI el Sabio y su hijo Sancho VII el Fuerte. Fue construída en piedra sillar entre los siglos XII y XIII. Consta de tres naves. La austeridad cisterciense se aprecia en la sencilla decoración del templo, que apenas se ciñe a motivos vegetales, animales y fantásticos y algunas claves en las bóvedas. Cuenta con una sala capitular que integraba el primitivo claustro del siglo XII y que es una bonita expresión de obra protogótica.

Desde la iglesia, podemos acceder a un hermoso claustro gótico del siglo XIV donde uno no siente pasar el tiempo. Sus galerías están cubiertas por bóvedas de crucería, con nervios curvos unidos por claves decoradas. Adosado también a la iglesia, se encuentra el palacio abacial, edificado en el XVI y reformado en el XVIII.
Frente al ábside de la iglesia y en un lugar hoy utilizado como huerta del monasterio, hallamos la capilla de San Jesucristo, la parte más antigua de todo el monasterio.

Debemos probar los productos artesanales del monasterio (hortalizas exquisitas, vinos tintos, blancos y rosados y un suave queso de vaca) y, si tenemos ocasión, alojarnos en la hospedería para compartir, al menos unos días, el estilo de vida de los monjes.
Un día excelente para acudir a la Oliva, es cuando termina la Semana Santa y se celebra el Triduo Pascual. Se une la solemne ceremonia con el sentimiento del canto gregoriano.

PEÑALÉN

Peñalén impresiona. De pronto hay suelo, de pronto no. La roca se corta tajantemente y, ya en el vació, crea el Barranco del Rey. Peñalén aún impacta más cuando descubrimos que por ese barranco, en el año 1076, fue despeñado el rey Sancho IV empujado por sus propios hermanos, Ermesenda y Ramón. Historia de odios, rencores y ambiciones y el deseo de una muerte segura. Si no lo creen, comprueben la altura desde la que fue lanzado el rey.

Peñalén está en el término municipal de Funes. No siempre ha sido únicamente un barranco. Existió una villa denominada Peñalén ya en el 1084 y más tarde, en el siglo XIV, se llamó Villanueva, aunque finalmente desapareció. Parece ser que una crecida del río Arga arrasó la villa y decidieron reedificarla lejos del río. Más adelante, hacia 1400, se extinguió totalmente.
Peñalén asiste impertérrito a la unión de dos ríos, el Arga y el Aragón, que se funden bajo la mirada atenta de Funes y Milagro. Las aguas del río Arga se mezclan con las del Aragón y no tendrán que recorrer muchos kilómetros más hasta enlazarse definitivamente, muy cerca de Milagro, con el gran río Ebro.

Desde este promontorio compuesto por yesos y arcillas, se aprecia un paisaje arrebatador: la confluencia de los dos ríos rodeados de tierras de cultivos de cereales y viñedos con zona de huertas. Los ríos erosionan los yesos y arcillas y estos materiales caen en bloque a modo de placas verticales formando acantilados como Peñalén. En terrenos cercanos, existen también otros desniveles menores.

Podemos sentir el olor a tomillo, romero y los matorrales más cercanos, en este entorno algo árido, algo hostil. Se percibe su clima, seco y cálido. Por otra parte, es bastante habitual encontrarse por los alrededores de Peñalén con un rebaño de ovejas.

Es bueno conocer que Peñalén cuenta con una ruta circular de 13 km convenientemente señalizada que se puede realizar tanto a pie como en bicicleta y que las gentes de los alrededores frecuentan. Eso sí, en verano, el sol castiga. Les recomendamos ir en otras fechas.

TUDELA

La capital de la Ribera es conocida por su huerta y la convivencia histórica de distintas culturas. Fue el muladí Amrus Ibn Yusuf el que convirtió a Tudela en un importante núcleo urbano. Los musulmanes estuvieron en Tudela desde el siglo IX hasta el XII. Tras la reconquista en el 1119, el rey Alfonso el Batallador buscó la cohexistencia de las tres culturas monoteístas asentadas en Tudela. Durante cuatro siglos lo consiguieron. Los judíos eran doctos en joyería, peletería, medicina y préstamo mercantil y los musulmanes, en agricultura, carpintería y albañilería. Vivieron en paz y la prueba es que de Tudela salieron grandes hombres en las letras, matemáticas y medicina. Todo terminó cuando los judíos fueron expulsados en 1.498 y los musulmanes en 1516.

La mezcla de culturas se deja sentir en el Casco Antiguo. La vida bulle alrededor de la Plaza de los Fueros. Cuatro fachadas repletas de balcones y cerámicas con escudos y escenas taurinas, nos evocan aquellos tiempos (desde 1700 hasta 1842) en los que era utilizada para celebrar corridas de toros. En el centro, un kiosko: la curiosa Casa del Reloj.

Desde aquí, vamos a la Catedral de Tudela, que se levantó en el 1180 sobre los restos que aún se conservan de la antigua mezquita mayor. De estilo gótico, la catedral acoge un bonito claustro románico, así como la románica Portada del Juicio. La Catedral tiene como peculiaridad un buen número de capillas. Su elevada torre es emblema de la ciudad.

En las cercanías del templo, visitaremos históricos edificios civiles como el Palacio del Deán, con su fachada plateresca, el Palacio del Marqués de Huarte, barroco del XVIII con una impresionante escalera y bóvedas, la Casa de los Condes de Heredia-Spinola y la Casa del Almirante, plateresco caserío señorial navarro. Dirección hacia el puente sobre el Ebro, en la calle Portal, encontraremos el Palacio del Marqués de San Adrián, con su elaborado alero y patio renacentista y la preciosa Iglesia de la Magdalena, el monumento más antiguo de Tudela.

El Sagrado Corazón observa Tudela. En las orillas del Ebro, crecen verduras excelentes: alcachofas, pimientos, cogollos, espárragos, cardos, guisantes, alubias, borraja, … Eso sin olvidar los vinos.

¡A disfrutarlo!

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